MI nuevo cumpleaños
El pasado domingo celebré mi nueva fecha de cumpleaños. Y empecé a celebrarla cinco años después del nuevo nacimiento. No es que no recordara la efeméride en los aniversarios anteriores, que lo hacía, sino que necesitaba vivir más para sentir que el paso del tiempo era verdaderamente importante a medida que me salía de las estadísticas. Creo que hoy he alcanzado una edad avanzada e improbable en una nueva vida marcada por una enfermedad que suele ser implacable con quienes la sufren.
Una tarde del 2 de febrero de 2020, pocas semanas antes de empezar el confinamiento por el Covid-19, me diagnosticaron un cáncer de esófago del que fui operado apenas tres semanas más tarde. A pesar de haber sufrido hasta cuatro recurrencias en estos años y haber agotado los tratamientos existentes, algunos de ellos duros, hoy estoy vivo y con un estado general de salud bastante razonable. Participo actualmente en un ensayo clínico y mantengo el buen ánimo para vivir con ganas cada día como si fuera uno de los últimos. Si el ensayo funcionara, ya no podría pedir más.
Así que todo sigue abierto porque los que saben me dicen que no estoy curado. No he ganado ninguna guerra, sobre todo porque no creo que esté librando una. Estoy convencido de que lo que me pasa forma parte de la normalidad de la vida, de cualquier vida, y que, por ahora, estos años de convivencia con la enfermedad me están permitiendo experimentar vivencias y emociones que no imaginaba. Y me gustan. Estoy rodeado de muy buena gente que se preocupan de mí, no solo de mi enfermedad. Es cierto que me ha tocado pasar por todo esto habiendo vivido muchas cosas y con la tranquilidad de tener mis necesidades más que resueltas, pero en lo emocional, en lo afectivo, me ha permitido conocer y recuperar amistades, intensificarlas y disfrutar más que nunca de los que tengo más cerca manifestando sentimientos mutuos que quizá en otra circunstancia no nos hubiéramos atrevido a expresar. También me ha ayudado a distinguir con más claridad, si cabe, lo que merece la pena y lo que no. Es cierto que eso también lo dan los años, pero supongo que la enfermedad lo acelera. Por esto y algunas cosas más me siento muy afortunado.
No me asusta lo que pueda pasar más adelante, sobre todo porque, me guste o no, la vida se acaba antes o después y he aprendido que uno no tiene que lamentarse por aquello que no puede controlar. Y esto no va de controlar sino de disfrutar siempre todo lo que se pueda.
Hasta ahora, cada nuevo año del nuevo calendario ha sido un peldaño feliz y espero seguir subiendo alguno más y seguir flotando sobre las estadísticas. Ojalá que dentro de un año podamos seguir compartiéndolo.
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Hace 1 mes